2 jun 2017

Curso práctico de manipulación política

Los hay que, como si de un veneno se tratase, hablan de inocular. Otros, en cambio, se decantan por el académico “construir relato”. Las palabras y sus posibles combinatorias son, según se mire, esa suerte de blandi blub al que muchos se encomiendan para manipular el discurso a su antojo. Qué es si no ese festival de juegos florales en el que incurre la clase política de forma cotidiana, de qué hablamos cuando hablamos de “brotes verdes”, “movilidad exterior”, “desaceleración económica” o “procedimientos de ejecución hipotecaria”. Y lo que es más importante; qué hay en juego.

Y lo que hay en juego es poco menos que la realidad, o al menos nuestra forma de percibirla. Sustituir el inmigrante como enemigo por los de arriba forma parte de esa batalla. Los desmanes de la casta versus la incapacidad para la gestión de los antisistema, sería otro ejemplo de esa pugna por el relato.

La disputa de los marcos cognitivos en el debate político contemporáneo encuentra en el lenguaje su munición ideal. El documental Clase valiente ahonda en el potencial del lenguaje para caracterizar la realidad y en el uso interesado que de las palabras se hace en el campo de la comunicación política. Para ello cuenta con cameos foráneos de lujo, tales como George Lakoff, Owen Jones o Christian Salmon, así como reconocidos políticos y periodistas patrios como Iñigo Errejón o Iñaki Gabilondo.



“Yo soy un manipulador” 

En esa ristra de “comunicólogos” aludidos en el documental, nos topamos con un hallazgo, a saber; la vis cómica Miguel Ángel Rodríguez, el que fuera portavoz de Aznar, cuando afirma sin inmutarse que los políticos no pueden mentir más de una vez porque a la siguiente ya nadie les creerá. Otra de las vetas de la cinta la encontramos cuando Luis Arroyo, asesor en su día de José Luis Rodríguez Zapatero, confiesa ufano: “Yo soy un manipulador”.

“El lenguaje manipula, es un artefacto. Bien utilizado sirve para mucho y mal utilizado, también”, incide Zarzalejos. Pero más allá del potencial tergiversador que el lenguaje puede tener en determinados contextos, el documental aborda su capacidad de alterar el sentido común de la gente. En esa línea, Errejón ahonda en la necesidad de abandonar el lenguaje tradicional de las izquierdas, una apuesta que sitúa al sujeto político en una suerte de encrucijada, un escenario en el que cabe la posibilidad de llegar a una amplia comunidad de gente pero carente de una fuerte identidad política compartida. 


Por su parte, el escritor y periodista británico Owen Jones compara en el documental la eficacia de la narratología emocional que usa la derecha con la frialdad intelectual de la izquierda. Para ello, echa mano de la teoría política y reflexiona en torno a la llamada ventana de Overton, un concepto que explica un determinado encuadre de la realidad que fija los límites de lo que la gente entiende en cada momento como razonable.