9 ago 2019

ESTE PÁRRAFO DE 'UN MUNDO FELIZ' EXPLICA LA TRAGEDIA MODERNA DE CÓMO CANJEAMOS VERDAD Y BELLEZA POR COMODIDAD Y PLACER

Huxley comprendió que para que la máquina de la producción masiva pudiera seguir rodando, se debía proveer a los individuos de constantes gratificaciones (la ilusión de la felicidad). El problema es que la felicidad hedonista significa un pacto fáustico en el que se sacrifica la belleza y la verdad.


El analista de medios Neil Postman distinguió la visión distópica de Huxley de la de Orwell. La del primero estaba basada en el deseo y la segunda en el miedo; de manera quizá un poco más sofisticada, Huxley entendió que en el "futuro" íbamos a ser controlados no a través de la fuerza, la represión violenta o la supresión de la información, sino sobre todo, a través de la distracción y el entretenimiento.

El siguiente párrafo se lee de manera ominosa, si bien ya en 1932, cuando se publicó por vez primera la novela, había visos de que la producción serial -el fordismo- requería del ser humano una constante atención hacia los productos y, por lo tanto, una asociación de la felicidad con el consumo.

Asimismo, Huxley ya vislumbraba que las personas estaban dispuestas a sacrificar su libertad en niveles alarmantes a cambio de seguridad, especialmente después de haber vivido una guerra. Esto se pudo comprobar con el movimiento nazi.

Quizás la gran ilusión moderna tiene que ver con la idea de que el ser humano existe para su propia felicidad. Una felicidad que no es ciertamente la felicidad eudaimónica de Aristóteles; se trata más bien de la felicidad individualista de suprimir todas las amenazas, todo el dolor, todo el miedo, toda la oscuridad, y de abrirse el terreno hacia la máxima comodidad y hacia el más alto diseño del placer. Esta es la promesa de la tecnoutopía: una existencia descorporalizada en la que se puedan crear paraísos hedonistas sintéticos.